jueves, 13 de diciembre de 2012

'Astérix y Obélix al servicio de su majestad (3D)': mala, mala, no, lo siguiente

¡Mis queridos palomiteros!

Los protagonistas






¿Qué les ha pasado a los galos más famosos del mundo mundial en su regreso a la cartelera española? 

Un pésimo doblaje al castellano, una carrillada de chistes chuscos y una colección de gags sobados confirman el fracaso del realizador Laurent Tirard en esta lujosa superproducción en 3D de poco fuelle sobre los populares héroes galos. 

Tras el éxito de las películas de acción real, basadas en la idea original del difunto guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo, Astérix y Obélix contra el César (Claude Zidi, 1999), Misión Cleopatra (Alain Chabat, 2002) y Astérix en los Juegos Olímpicos (Thomas Langmann y Frédéric Forestier, 2008), llega ahora a las salas españolas la cuarta entrega, Astérix y Obélix al servicio de su majestad, una historia con poca resistencia en el guión cuya novedad más llamativa es su exhibición en 3D. 

Trailer de la historia





La aventura cómica se ambienta 50 años antes de Cristo. César tiene sed de conquistas. Al mando de sus gloriosas legiones, decide invadir esa isla situada al límite del mundo conocido, aquel país misterioso llamado Bretaña.

La victoria es rápida y total. Bueno… casi. Un pequeño poblado bretón resiste, pero sus fuerzas se debilitan. Cordelia, la reina de los bretones, decide enviar a su oficial más leal, Buentórax, en busca de ayuda a la Galia, donde hay otra pequeña aldea, conocida por su obstinada resistencia a los romanos…

En la aldea gala en cuestión, Astérix y Obélix están muy ocupados, ya que su jefe les ha encomendado el cuidado de su sobrino Gudúrix, un joven descocado recién llegado de Lutecia, para que hagan un hombre de él. Y están muy lejos de conseguirlo.

Cuando Buentórax llega en busca de ayuda, deciden confiarle un tonel de poción mágica escoltado por Astérix y Obélix. También les acompañará Gudúrix, ya que este viaje puede ser una oportunidad única para perfeccionar su educación. 

Astérix y Obélix al servicio de su majestad es la suma adaptada de los cómics Astérix en Bretaña -de donde toma la mayor parte de su argumento y sirve de gran hilo conductor-  y de Astérix y los normandos -metido toscamente con calzador- que sólo consigue retorcer los diálogos y estirar su metraje y su presupuesto -60 millones de euros, 20 más que el filme anterior-. 

Sorprende que Tirard, conocedor del mundo Goscinny, no haya sido capaz de elaborar un guión mucho más firme, termine perdiéndose en subtramas insípidas y se vea envuelto al final en una trama farragosa y arrítmica que ha desprovisto de los mejores golpes de humor del cómic. 

De fiesta... o de conquista




En cuanto al apartado actoral, probablemente el mejor actor de la saga para encarnar a Obélix sea Depardieu y su acertada interpretación en todas las películas haya provocado su confirmación definitiva en la franquicia francesa. Sin embargo, lo que los responsables galos de la historia no han terminando de conseguir es un Astérix convincente, tras los papeles asignados a Christian Clavier en las dos primeras entregas -resultaba muy sobreinterpretado-, así como a Clovis Cornillac que resultó tan tibio como olvidable en la tercera historia.

En la versión que nos ocupa, a Edouard Baer le ha faltado hacer creíble un personaje dentro de una aventura y no participar en una aventura en la que él resulta sólo un personaje más. Todo ello quiere decir que estas interpretaciones se han quedado en la medianería como ha ocurrido con el resto del elenco, lo cual acusa una potente ausencia en la dirección de actores y un casting fallido

Queda, pues, una prescindible y previsible secuela más de los intrépidos y queridísimos galos, que pierde totalmente el rumbo al querer extrapolar la sociedad, cultura y lenguaje actual a la época del Gran Imperio Romano. Nada que ver con las numerosas y magníficas versiones animadas sobre las aventuras, mejor trabadas y con más chicha. Y no sólo por el 3D.