viernes, 10 de agosto de 2012

El actor Carlos Bardem bendice la osadía del diputado Sánchez Gordillo en el asalto a los supermercados


¡Mis queridos palomiteros!

Hay cosas que se salen de madre. Como que un hijo te salga actor y herede todos los vicios que ha ido sirviéndole en bandeja su familia. Tal es el caso de los hermanos Bardem, ahora con Carlos a la cabeza, y su mamuchi doña Pilar, entre otros, que se han ido subiendo al carro de la progresía hasta convertir los escenarios en areópagos, en púlpitos donde sentar cátedra; cátedra sectaria, ideológica, se entiende, siempre con el dardo puesto en la Iglesia, faltaría más. Porque si no, el discurso progre quedaría muy descafeinado.

El actor español, Carlos Bardem.



Vistas así las cosas, que en realidad es recordar el ambiente gris en que se va solidificando una minoría de individuos con ganas de incordiar, ayer el panorama social tuvo a una estrella de protagonista. El actor Carlos Bardem la ha montado en Twitter y ha alzado la voz para defender lo indefendible, es decir, dar la razón al diputado comunista Sánchez Gordillo. ¿Y qué ha hecho este señor? Pues ha decidido hacer de Robin Hood, a saber, robar a los ricos para dar lo que recoge a los pobres. En este caso, entre los ricos está buena parte del colectivo artístico español de moda... y entre los pobres, los bancos de alimentos, que reciben con manos abiertas las viandas. Pero hete aquí que nuestro Robin Hood roba en todos los sentidos.

El diputado de IU, Sánchez Gordillo.


Argumenta que es para hacer el bien a los demás, pero invirtiendo las normas. Y es que no está bien llenar carritos de la compra, no pagarlos, agredir a las empleadas de las cajas, y servir la comida a los que menos tienen. ¡Y luego quejarse! Naturalmente, los destinatarios de los alimentos han rechazado nuevas peticiones porque se han enterado de que lo recibido es robado. El ministro del Interior ya ha tomado medidas. Me gusta.

Así que se me ha ocurrido, con el permiso de Carlos Bardem, o sin él, acudir al bar de copas que regenta en la calle del Almendro, 22, y allí en Corazón loco, tomar unos chatos a su salud, porque este agosto está resultando muy caluroso. E irme sin pagar junto a un buen número de amiguitos. O acudir al bar de tapas madrileño La bardemcilla -los Bardem son los dueños- (Augusto Figueroa, 47) y hacer lo propio. Y que luego no se me soliviante nadie. Porque si el actor apoya en su cruzada al gran Sánchez Gordillo, ¿por qué habría yo de pagar ni una sola cosa que me sirvan en cualquiera de estos dos locales?

Quien desarrolla con mucha más sabiduría e inteligenciael tema es Eulogio López en la mejor página en torno a la Economía, Hispanidad.com, a la que os animo a que conozcáis. Tranquilos. Esta vez invito yo.